México y Estados Unidos extienden revisión del T-MEC y anticipan negociaciones más complejas rumbo a 2026
La revisión del T-MEC comenzó oficialmente a mostrar su verdadero tamaño político y económico. México y Estados Unidos acordaron extender las negociaciones más allá del 1 de julio y pactaron al menos tres rondas formales de diálogo que se prolongarán hasta el 20 de julio, en lo que ya perfila como una de las renegociaciones comerciales más delicadas para América del Norte en años.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirmó que ambas delegaciones decidieron ampliar el calendario debido a la complejidad de los temas en discusión. Entre ellos destacan reglas de origen para productos industriales, seguridad económica, agricultura, condiciones laborales, manufactura avanzada y minerales críticos.
La primera ronda de conversaciones arrancó esta semana en Ciudad de México. La segunda se realizará en Washington durante junio y la tercera volverá a territorio mexicano en la semana del 20 de julio. Aunque la revisión formal del tratado estaba prevista inicialmente para el 1 de julio, los gobiernos de ambos países ya reconocen que el proceso será mucho más largo y políticamente sensible de lo previsto.
El contexto internacional ha elevado la tensión alrededor del tratado. La posibilidad del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, las nuevas presiones proteccionistas en Estados Unidos y las disputas industriales entre ambos países han convertido al T-MEC en uno de los temas más estratégicos para la estabilidad económica mexicana. Actualmente, más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense.
Washington dejó claro que buscará una revisión enfocada en beneficiar a productores, trabajadores y empresas estadounidenses. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos adelantó que presionará especialmente en temas de manufactura, cadenas de suministro, contenido regional y condiciones de competencia.
México, por su parte, busca evitar una renegociación agresiva que genere incertidumbre financiera o afecte sectores clave como el automotriz, el acero y la manufactura avanzada. Marcelo Ebrard aseguró que el gobierno mexicano “no tiene prisa”, pero reconoció que las conversaciones serán complejas y que el objetivo es construir una “visión común” antes de que aumente la presión política en Estados Unidos rumbo a las elecciones.
La presidenta Claudia Sheinbaum también intentó enviar una señal de estabilidad al asegurar que el diálogo con Washington “va muy bien”, pese a que el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, canceló de último momento su visita presencial a México para atender una reunión de gabinete convocada por Donald Trump.
Mientras tanto, Canadá todavía no entra formalmente a las negociaciones, algo que ha llamado la atención entre analistas económicos y sectores empresariales que esperaban un proceso trilateral desde el inicio.
La revisión del T-MEC ocurre además en un momento en el que México intenta diversificar sus alianzas económicas. Apenas la semana pasada, el gobierno de Sheinbaum firmó la modernización del acuerdo comercial con la Unión Europea, enviando un mensaje geopolítico frente al creciente proteccionismo estadounidense.
Más allá de los tecnicismos comerciales, lo que está en juego es mucho más amplio: el futuro del modelo exportador mexicano, la estabilidad de las cadenas industriales de Norteamérica y la relación económica más importante del continente. Y aunque públicamente ambos gobiernos hablan de cooperación, el hecho de que las negociaciones ya se hayan extendido antes siquiera de iniciar formalmente revela que la revisión del T-MEC podría convertirse en una larga disputa política, industrial y estratégica.