Martes 3 de noviembre de 2026
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Menos envíos, más dinero por transferencia: la otra cara del repunte de remesas

México recibió 5,362 millones de dólares en septiembre, 1.6% más que un año antes. El monto promedio creció mientras disminuían las operaciones: el dato nacional mejora, pero no cuenta por sí solo la historia de cada hogar.

Billetes mexicanos frente a la fachada del Banco de México. Imagen de archivo; el reporte de septiembre fue publicado el 3 de noviembre de 2026.
Billetes mexicanos frente a la fachada del Banco de México. Imagen de archivo; el reporte de septiembre fue publicado el 3 de noviembre de 2026. Especial / Ovaciones

Las remesas volvieron a crecer en septiembre, pero el movimiento tiene una segunda cara: hubo menos transferencias que un año antes y cada envío fue, en promedio, de mayor monto. México recibió cinco mil 362 millones de dólares, un aumento anual de 1.6%, informó Banco de México este martes 3 de noviembre. La cifra mejora el balance nacional sin demostrar que más familias estén recibiendo apoyo o que todas tengan mayor poder de compra.

El reporte contabiliza aproximadamente 12.6 millones de operaciones y una remesa promedio de 426 dólares. Frente a septiembre de 2025, el número de envíos disminuyó 6.3% y el monto promedio aumentó 8.4%. El resultado combina dos fuerzas opuestas. Describirlo únicamente como una recuperación borra la caída de las transferencias; presentarlo sólo como un desplome ignora el aumento del dinero recibido.

De enero a septiembre, el ingreso acumulado llegó a 47 mil 164 millones de dólares, 2.1% por encima del mismo periodo de 2025. Es dinero transferido por particulares, no una partida del presupuesto público. Su dimensión económica no cambia su origen: detrás del agregado existen decisiones de hogares que distribuyen ingresos entre países, monedas y necesidades distintas.

Una subida que no significa más remitentes

Para entender la diferencia basta separar cantidad y tamaño. Si se realizan menos operaciones, pero cada una es mayor, el total puede aumentar. Esa es la combinación que muestra el reporte de septiembre. El monto promedio es una división estadística; no describe lo que recibió cada persona ni identifica cuántos hogares distintos participaron durante el mes.

Con las variaciones redondeadas del informe, multiplicar 0.937 —la proporción de operaciones después de caer 6.3%— por 1.084 —el aumento de 8.4% del envío promedio— arroja aproximadamente 1.016. Es decir, un incremento de alrededor de 1.6% en el total. La cuenta, elaborada a partir de las tasas publicadas, permite reconstruir el cambio sin atribuirlo a una causa que el dato no mide.

Tampoco se puede concluir que haya disminuido en la misma proporción el número de familias beneficiarias. Una persona puede mandar dinero varias veces al mes o modificar su frecuencia. Un hogar puede recibir de más de un remitente. Contar operaciones es indispensable para explicar el flujo, pero convertirlas directamente en personas o familias produciría una cifra que el informe no ofrece.

Por qué septiembre puede subir y bajar a la vez

La comparación anual pregunta cuánto cambió el flujo frente al mismo mes del año anterior. La comparación mensual utiliza agosto como referencia. Además, Banco de México publica una serie ajustada por estacionalidad, que busca separar patrones recurrentes del calendario para facilitar la lectura de los movimientos entre meses. Son comparaciones diferentes, no versiones incompatibles de una misma cifra.

En la serie original, agosto había registrado cinco mil 452 millones de dólares, según las cifras redondeadas incluidas en el nuevo informe. Frente a ese nivel, septiembre representa unos 90 millones menos, aproximadamente 1.65%. Con el ajuste estacional, en cambio, los ingresos aumentaron 2.9% mensual. Mezclar el monto original con la tasa ajustada sin explicarlo genera una lectura confusa.

El ejemplo muestra por qué un titular necesita decir qué está comparando. El crecimiento de 1.6% es anual; el avance de 2.9% corresponde al movimiento mensual ajustado. Ninguno debe presentarse como si fuera el otro. Para evaluar una tendencia, además, hace falta observar varios meses y conservar la misma serie, en lugar de elegir cada vez la comparación más favorable a un argumento.

La primera conversión: de dólares a pesos

Una familia no compra necesariamente su despensa en dólares. Lo que recibe en pesos depende del monto enviado, del tipo de cambio aplicado y de las condiciones del servicio. Por eso una mejora en la estadística nacional en moneda estadounidense puede coexistir con una experiencia distinta al cobrar. La conversión es una parte central de la historia, no un detalle posterior al titular económico.

Consideremos un ejemplo ilustrativo, con tipos de cambio hipotéticos que no son una cotización actual. Un envío de 300 dólares convertido a 18 pesos por dólar produce cinco mil 400 pesos antes de costos. Si el mismo envío se paga a 17 pesos, entrega cinco mil 100. El remitente mandó los mismos dólares, pero el monto en pesos bajó 300, equivalentes a 5.56% respecto del primer caso.

La operación también puede funcionar en sentido contrario. Si el dólar se paga a más pesos, una transferencia idéntica puede convertirse en una cantidad mayor en México. Eso no significa que quien la manda haya tenido un aumento salarial ni que el país produzca más por ese movimiento. Significa que una unidad de una moneda se intercambia por una cantidad diferente de la otra.

La segunda conversión: de pesos a capacidad de compra

Todavía falta considerar los precios. Mantengamos el ejemplo anterior y supongamos, sólo para ilustrar el cálculo, que la canasta de gastos de ese hogar subiera 4%. Los cinco mil 100 pesos nuevos, comparados con los cinco mil 400 anteriores y ajustados por ese aumento de precios, representarían una caída de poder de compra cercana a 9.2%. El supuesto no describe la inflación vigente ni el resultado real de todos los receptores.

La fórmula del ejemplo compara primero el ingreso en pesos y después lo divide entre el cambio de precios: cinco mil 100 entre cinco mil 400, y ese resultado entre 1.04. Sirve para mostrar que dólares, pesos y poder adquisitivo responden a preguntas distintas. Usar sólo la primera cifra para declarar que todas las familias están mejor requiere información adicional que el total de remesas no contiene.

Además, los hogares tienen estructuras de gasto diferentes. Una familia que utiliza el apoyo para renta enfrenta una combinación distinta de precios a otra que lo destina a medicinas, alimentos o educación. Un indicador general de inflación ofrece una referencia, pero no reproduce cada presupuesto. La experiencia económica depende tanto del ingreso recibido como de los bienes y servicios que necesita comprar.

La comisión más baja no siempre entrega más pesos

Profeco mantiene la herramienta Quién es Quién en el Envío de Dinero para comparar comisión, tipo de cambio, tiempo de entrega y monto recibido en México. La comparación debe hacerse bajo condiciones equivalentes: ciudad de origen, cantidad enviada, modalidad de pago y forma de recepción. Una oferta para un primer envío puede tener condiciones diferentes a las de una operación habitual.

Un segundo ejemplo hipotético permite ver la diferencia. Supongamos que una persona tiene un presupuesto total de 400 dólares, incluida la comisión. El servicio A cobra cinco dólares y convierte los 395 restantes a 17.40 pesos: el destinatario recibe seis mil 873 pesos. El servicio B cobra tres dólares y convierte los 397 restantes a 17.20: entrega seis mil 828.40 pesos.

En ese caso, la opción con una comisión dos dólares menor dejaría 44.60 pesos menos al destinatario. No es una comparación entre proveedores reales ni una recomendación de contratación. Es una demostración de que el precio del dólar aplicado puede compensar o superar la diferencia de comisión. Para valorar una operación concreta debe comprobarse la cantidad final que efectivamente recibirá la familia.

Condusef también señala que la distancia y los costos de traslado importan. Una diferencia pequeña a favor de una remesadora puede desaparecer si cobrar implica un viaje más caro o perder tiempo de trabajo. La conveniencia de un servicio no se reduce al anuncio de comisión cero: incluye disponibilidad, condiciones de entrega y posibilidad real de acceso para quien recibe.

Electrónico no significa necesariamente bancarizado

Hay otro dato relevante del informe de septiembre. En los primeros nueve meses del año, 99.2% del dinero ingresó mediante transferencias electrónicas. Sin embargo, dentro de esos envíos electrónicos, 46.4% del monto se cobró en efectivo y 53.6% llegó como depósito a cuenta. La forma de envío y la de recepción describen momentos diferentes de la operación.

La distinción evita presentar la digitalización del traslado internacional como si fuera una bancarización completa de los hogares receptores. Una transferencia puede viajar por sistemas electrónicos y terminar pagándose en ventanilla. La estadística no permite deducir, por sí sola, que quien cobra carezca de cuenta; sí muestra que el uso de efectivo sigue teniendo un peso considerable en la recepción.

Para evaluar inclusión financiera haría falta conocer qué servicios utiliza el hogar después de cobrar, con qué costos y bajo qué condiciones. Tener una cuenta no demuestra automáticamente acceso útil al ahorro, pagos o crédito. Del mismo modo, preferir efectivo en una operación no basta para describir toda la relación de una persona con el sistema financiero.

Lo que el dato aporta al debate político

Las remesas tienen una lectura política inevitable por su relación con la migración y la economía de las familias. Pero el reporte mensual no identifica, por sí solo, cuánto del movimiento responde a empleo, salarios, cambios de residencia, frecuencia de los envíos o decisiones precautorias. Para atribuirlo a una política específica se necesita evidencia adicional y una comparación que permita separar factores.

El crecimiento tampoco constituye recaudación gubernamental ni una transferencia administrada por el Estado. Puede sostener consumo y aliviar restricciones familiares, pero no sustituye una evaluación del empleo, los servicios públicos o los ingresos producidos dentro de México. Presentar el esfuerzo privado de los migrantes como un indicador autosuficiente de éxito nacional deja fuera buena parte de la economía que se pretende juzgar.

La noticia de septiembre tiene, por eso, una forma más precisa que un simple festejo o una alarma: el país recibió más dólares que un año antes mediante menos operaciones y con mayor monto por envío. Lo que finalmente cambia en cada casa se decide en la frecuencia del apoyo, la conversión, los costos y los precios. Leer esas capas permite acercar la cifra de Banco de México a la realidad que importa al cobrar.

Documentos y fuentes para consultar

Banco de México: reporte analítico de remesas de septiembre de 2026, publicado el 3 de noviembre

Banco de México: calendario y comunicados de remesas

Banco de México: serie de ingresos por remesas CE81

Profeco: comparador de envío de dinero

Condusef: comisiones, modalidad y costos de traslado

Condusef: información sobre remesas

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