ISSSTE: 120 días para que la promesa llegue a la sala de espera
El gobierno anunció contrataciones, quirófanos, consultorios y equipo para el instituto. Desmenuzamos las metas, las ciudades incluidas y las pruebas que permitirán distinguir una mejora real de una presentación con números grandes.
Una persona que espera una cirugía no mide el sistema de salud por el número de diapositivas de una conferencia. Lo mide por una fecha, una cama disponible y un procedimiento que finalmente ocurre. Con esa diferencia como punto de partida debe leerse el programa de 12 acciones en 120 días para el ISSSTE, presentado el 3 de noviembre por Claudia Sheinbaum y el director del instituto, Martí Batres.
La estrategia combina nuevas contrataciones, rehabilitación de instalaciones, adquisición de tecnología, medicamentos y reducción del rezago quirúrgico. Es una intervención sobre varios eslabones del servicio: disponer de un especialista sirve de poco si el equipo permanece detenido; comprar una máquina tampoco resuelve una lista de espera si faltan personal, mantenimiento o insumos para utilizarla.
El anuncio tiene magnitudes concretas. Incluye incorporar a 1,710 especialistas, 502 profesionales de enfermería y 250 médicos generales: 2,462 trabajadores de la salud en conjunto. La suma es importante porque describirla como 2,462 médicos borraría el trabajo de enfermería y alteraría la composición del compromiso. Las plazas anunciadas también deben distinguirse de las contrataciones ya formalizadas.
La información de esta nota procede del comunicado de Presidencia del 3 de noviembre y de los canales oficiales de atención al derechohabiente. Las observaciones sobre cómo evaluar el programa son una lectura de sus metas. No constituyen una comprobación de que las obras, compras y contrataciones estén concluidas en cada unidad médica.
El cuello de botella no siempre está donde aparece la fila
La espera visible suele estar en la consulta o en el área de urgencias, pero su origen puede encontrarse mucho antes. Una cirugía requiere valoración, estudios, programación, disponibilidad del quirófano y personal suficiente. Si uno de esos componentes falla, el retraso se traslada al paciente aunque los demás recursos estén presentes. Por eso interesa evaluar el funcionamiento de la cadena completa.
El programa contempla concluir la rehabilitación y el equipamiento de 55 quirófanos. La pregunta posterior será cuántos entran efectivamente en operación, con qué horarios y cuántas intervenciones adicionales realizan. Un quirófano instalado es una capacidad; un quirófano utilizado de manera segura y sostenida produce un servicio. La diferencia debería quedar reflejada en los informes de avance del instituto.
El gobierno señaló como prioridades del abatimiento de rezagos las operaciones de hernias, vesícula, cataratas, próstata, rodilla y mínima invasión. Es una lista de áreas de atención, no una promesa individual de intervención inmediata. Cada caso conserva su valoración clínica y su ruta institucional. Para medir el avance resulta necesario conocer las listas iniciales, las nuevas incorporaciones y los procedimientos realizados.
La geografía de las obras
Entre las instalaciones cuya conclusión se anunció figuran el Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca, el Hospital General de Chetumal y el Hospital General Vasco de Quiroga, en Morelia. También se incluyeron la clínica de medicina familiar de Naucalpan y unidades de Arcelia, Jiquilpan y Paracho. Las etapas y características de cada proyecto deben consultarse por separado.
El apartado de obras por iniciar comprende intervenciones en Gómez Palacio, Culiacán y el hospital Darío Fernández de Ciudad de México, además de centros de salud con servicios ampliados en Villahermosa y Tuxtla Gutiérrez. El anuncio distingue entre concluir, comenzar y continuar trabajos. Esa clasificación importa: iniciar una obra dentro de 120 días no equivale a abrir sus puertas durante ese mismo plazo.
La estrategia incorpora además 100 nuevos consultorios. Para las comunidades, el dato decisivo será su ubicación y el servicio que ofrecerán: horarios, personal, población atendida y mecanismos de referencia. Contar espacios físicos sin explicar cómo se integran a la atención dejaría sin responder una pregunta básica: qué recorrido tendrá que hacer una persona para recibir el servicio que necesita.
Tecnología: comprar, instalar y hacer funcionar
El ISSSTE anunció 130 equipos de alta tecnología para 103 unidades médicas: 69 tomógrafos, 53 mastógrafos, siete resonadores magnéticos y un acelerador lineal. La suma coincide con el total presentado. Su distribución por unidad será una pieza relevante del seguimiento, porque un balance nacional puede ocultar diferencias importantes entre hospitales y regiones.
La evaluación debe separar compra, entrega, instalación, pruebas y operación. Una máquina puede haber llegado al hospital y requerir todavía adecuaciones o personal capacitado. Presentar cada etapa con fecha permitiría saber si el retraso está en el proveedor, la infraestructura o la organización del servicio. También ayudaría a entender cuándo una adquisición comienza a reducir la espera de estudios.
El mantenimiento ocupa otro bloque del programa: equipos electromecánicos, aire acondicionado, plantas de emergencia y elevadores. Son componentes menos vistosos que un robot o un tomógrafo, pero sostienen la operación cotidiana. Su seguimiento requiere registrar disponibilidad y tiempo fuera de servicio, además de compras realizadas. La continuidad del servicio tiene tanto valor público como la incorporación de tecnología nueva.
Medicamentos: el promedio necesita apellidos
Presidencia informó metas de abasto general de 97%, de 95% en todas las unidades y de receta electrónica en la totalidad de las unidades médicas. Los porcentajes describen compromisos diferentes. Su interpretación exige conocer el denominador: claves disponibles, piezas requeridas, recetas o unidades. Sin esa precisión, indicadores con nombres semejantes pueden describir problemas distintos.
Un promedio institucional alto puede coexistir con una falta concreta en determinada farmacia. Para el derechohabiente, recibir parte de lo prescrito no es necesariamente una receta completa. Publicar resultados por unidad, tipo de medicamento y periodo permitiría detectar esas diferencias. También serviría para saber si una mejora agregada llega a los lugares donde persisten dificultades.
La receta electrónica puede mejorar trazabilidad, pero digitalizar el registro no demuestra por sí solo que el medicamento se entregue. Conviene seguir ambos procesos: emisión y surtimiento. Esa separación facilitaría evaluar si un cambio administrativo reduce vueltas y tiempos o simplemente traslada una parte del trámite a una pantalla. El beneficio debe poder reconocerse en la experiencia del paciente.
Urgencias: la infraestructura y el trato comparten la misma puerta
La remodelación de 64 salas de urgencias se acompaña de equipos y mobiliario. El anuncio incluye también consultorios de atención continua y cambios en los trámites previos. Son intervenciones sobre espacios, organización y acceso, cuya aplicación tendrá que verificarse en cada unidad. La remodelación puede mejorar condiciones; el flujo de pacientes requiere además decisiones de operación.
Para evaluar este apartado conviene distinguir tiempos de llegada, valoración inicial y atención, respetando que la prioridad clínica depende de la gravedad. Un promedio sin contexto puede ocultar diferencias entre pacientes y turnos. El instituto debería explicar qué indicador utilizará y cómo evitará que una aparente reducción de espera se consiga trasladando el problema a otra etapa del recorrido.
Los espacios para familiares también forman parte del servicio. La información clara sobre el estado de un paciente y los procedimientos de la unidad reduce incertidumbre, aunque no sustituye la atención médica. Se trata de una dimensión que puede medirse mediante mecanismos de información y seguimiento. El trato digno necesita responsables y procedimientos, además de una mención en el programa.
Telemedicina: duplicar requiere una cifra de partida
El compromiso de duplicar las consultas de telemedicina abre otra pregunta verificable: cuántas se realizan ahora y en qué periodo se comparará el resultado. Sin una base explícita, la palabra duplicar informa una dirección pero no permite conocer el tamaño del esfuerzo. También interesa saber qué especialidades y localidades reciben el servicio y cómo se registran las consultas completadas.
La atención a distancia puede formar parte de una ruta que incluya referencias y estudios presenciales. Para valorar su utilidad habrá que observar si facilita esa continuidad y reduce desplazamientos innecesarios. Contar conexiones o equipos disponibles sería insuficiente. El seguimiento necesita describir qué atención recibió la persona y qué ocurrió después de la comunicación remota.
Cómo documentar un problema sin perderse entre instituciones
El ISSSTE mantiene una vía de queja médica para situaciones relacionadas con imposibilidad, negativa o deficiencias en la prestación de sus servicios. El portal institucional explica el trámite y los documentos correspondientes. La presentación de una queja y una eventual solicitud de reembolso son procedimientos con requisitos propios; el anuncio del programa no implica su aprobación automática.
Para consultar la ruta vigente es útil acudir a la página oficial enlazada al final de esta nota y a la unidad de atención al derechohabiente correspondiente. La información del caso debe conservarse con cuidado: fechas, unidad, documentos y constancias disponibles. Este recuadro ofrece orientación hacia el canal institucional; no sustituye la valoración clínica ni anticipa el resultado de una solicitud.
También conviene identificar correctamente la institución. ISSSTE, IMSS e IMSS Bienestar tienen estructuras y poblaciones de atención diferentes. En la conferencia se presentaron avances del IMSS junto con el nuevo programa del ISSSTE. Trasladar las cifras de uno al otro produciría un balance equivocado. Aquí las metas descritas corresponden al instituto dirigido por Martí Batres.
La prueba que falta después del anuncio
Un tablero de seguimiento útil debería mostrar cada meta, su situación inicial, responsable, presupuesto, avance físico y fecha de operación. Para obras y equipos, permitiría distinguir contratos de servicios ya disponibles. Para personal, separaría plazas ofertadas de trabajadores incorporados. Para cirugías y consultas, explicaría cómo cambia la lista de espera y con qué periodo de comparación.
La prueba del programa llegará cuando esas mediciones puedan contrastarse con lo que ocurre en las unidades. El plazo de 120 días ofrece una oportunidad de rendición de cuentas si se acompaña de información verificable durante su ejecución. El paciente podrá reconocer el resultado de una manera menos abstracta: menos vueltas, un estudio disponible y una fecha que finalmente se cumple.
Documentos y fuentes para consultar
Presidencia: programa de 12 acciones en 120 días para el ISSSTE, 3 de noviembre de 2026