El embajador fantasma
Hay errores que se cometen en privado y se olvidan. Y hay errores que se postean en Instagram.
Juliana Santillán, diputada de La Libertad Avanza y presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, publicó esta semana con toda la naturalidad del mundo que había mantenido una reunión con el embajador de Checoslovaquia. Bonita reunión. El único problema es que Checoslovaquia desapareció del mapa en 1993, cuando se partió en dos para convertirse en la República Checa y Eslovaquia. Hace, nótese bien, más de treinta años.
No es un error de dedo. No es un lapsus verbal corregible en el momento. Es una publicación oficial, pensada, redactada y subida a las redes por quien conduce, precisamente, el área legislativa encargada de la política exterior argentina. Si alguien en ese cargo confunde la geografía política del siglo XXI con la de la Guerra Fría, el problema no es solo de forma: es de fondo.
El episodio se viralizó con la velocidad que hoy tienen estas cosas, y las críticas llegaron de todos lados. Pero más allá de la catarata de inevitables y merecidos memes, vale la pena detenerse en lo que el error revela.
Santillán tiene un diplomado en economía de la escuela austríaca, corriente intelectual que el mileísmo reivindica con fervor. Lo que no tiene, según puede rastrearse en su trayectoria, es formación específica en diplomacia ni en relaciones internacionales. Pasó por la gestión provincial con Vidal, por los medios, por el sector privado. Todo válido. Pero presidir la comisión que define el vínculo de Argentina con el mundo es otra liga.
Y acá está el corazón del asunto: La Libertad Avanza llegó al poder con una promesa de ruptura, de hacer las cosas diferente, de terminar con la mediocridad de la casta. Pero gobernar y legislar, exige algo más que convicción ideológica. Exige conocimiento. Exige rigor. Exige saber, al menos, qué países sí existen.
En la era de la información instantánea, donde cada declaración da la vuelta al mundo en minutos, la imprecisión no es un detalle menor que se le puede pasar a cualquiera. Es una grieta en la credibilidad. Y la credibilidad, una vez fisurada, es muy difícil de reponer.
Checoslovaquia, mientras tanto, sigue sin existir. Eso, al menos, no ha cambiado.







