La cubeta como programa de gobierno
Hay imágenes que ningún gabinete de comunicación consigue explicar, y otras, que ni siquiera la inteligencia artificial es capaz de superar.
Un cubo es un objeto que nunca debería convertirse en el símbolo de un gobierno. Un cubo sirve para fregar el suelo, para lavar el coche, para recoger el agua de una gotera o para que un niño construya castillos en la playa. Es un objeto humilde. Tan humilde que uno jamás imaginaría que pudiera resumir una forma de gobernar. Y, sin embargo, ahí estaba como protagonista.
Primero apareció un vídeo generado con inteligencia artificial. En él, Clara Brugada parecía explicar que la impresionante filtración de agua en la estación Chabacano del Metro no era una inundación, sino una “cascada natural para el deleite de todo el mundo”. Era falso. Una parodia.
Lo inquietante fue que, durante unos segundos, miles de personas dudaron, no porque la inteligencia artificial sea extraordinaria, sino porque la política lleva demasiado tiempo acostumbrándonos a declaraciones que desafían el sentido común.
Pero entonces ocurrió algo todavía mejor, o peor. La realidad decidió competir con la ficción.
Comenzó a circular otro vídeo y esta vez era auténtico. En él se ve a varios trabajadores formando una cadena de cubetas para sacar agua acumulada de la estación. La escena se hizo viral casi al instante. No hacía falta ningún montaje, la realidad ya había hecho la mitad del trabajo. Y entonces, uno comprende algo inquietante, la inteligencia artificial no está sustituyendo a la realidad, está compitiendo con ella, y, a veces, pierde, porque la realidad lleva años entrenándose para parecer un meme.
Lo más injusto sería reírse de los trabajadores. Ellos no diseñan presupuestos, no planifican el mantenimiento del Metro ni deciden cómo debe responder una ciudad de más de veinte millones de habitantes cuando llegan las lluvias. Ellos hacen, probablemente, lo único que pueden hacer con las herramientas que alguien decidió poner en sus manos. La fotografía incómoda habla de otros, habla de quienes gobiernan.
Me imagino a uno de esos trabajadores levantándose de madrugada, enfundándose el mono color teja, ajustándose el chaleco amarillo y disponiéndose, como cada mañana, a cumplir con su trabajo. Hay algo casi épico en la escena, es más, uno espera que, al abrir la puerta del almacén, alguien le entregue un equipo sofisticado, una herramienta diseñada para enfrentarse a una emergencia en una de las ciudades más grandes del planeta. Y casi espera escuchar una banda sonora de película. Pero no, nada mas lejos de la realidad.
En lugar de tecnología del siglo XXI, recibe un palo con una cubeta improvisada. Su misión consiste en achicar agua, como aquellos marineros que, en medio del océano, intentaban impedir que el barco se fuera a pique vaciando el agua cubo a cubo.
Y entonces uno comprende que quizá el agua ya no sea el verdadero problema, quizá lo que se está intentando achicar sea otra cosa mucho más difícil de contener: la imagen de una institución que hace agua por demasiados sitios al mismo tiempo.
La llamada Cuarta Transformación prometía cambiar la manera de gobernar, transformar las instituciones, modernizar el país, pero hay imágenes que poseen una sinceridad devastadora, no necesitan ruedas de prensa, ni conferencias matutinas, ni campañas de comunicación, hablan solas.
Y este video habla de improvisación, habla de mantenimiento, habla de prioridades, habla de una administración que, cuando se enfrenta a un problema muy del siglo XXI, termina respondiendo con una tecnología que la humanidad conoce desde hace varios milenios: el cubo.
Mientras el mundo debate sobre inteligencia artificial, computación cuántica, ciudades inteligentes y trenes sin conductor, una de las mayores metrópolis del planeta se convierte en noticia por intentar contener una inundación con el método que probablemente ya utilizaban nuestros abuelos.
Resulta imposible no encontrar ahí una metáfora. Hemos llegado a un punto en el que ya no distinguimos entre una sátira creada por inteligencia artificial y un vídeo real de una administración intentando resolver una emergencia con medios que parecen improvisados.
Antes la sátira exageraba la realidad para hacernos reír, ahora la realidad obliga a la sátira a rehacer el guion, porque siempre consigue ir un paso por delante.
Y quizá la imagen más poderosa de todas no sea el agua, sea ese hombre con su mono color teja, su chaleco amarillo y su cubeta en la mano, convencido de que está achicando una inundación cuando, en realidad, lleva sobre los hombros algo mucho más pesado: el intento desesperado de impedir que haga agua toda una forma de gobernar.
¡¡¡Vaya manera de achicar agua!!!
Entonces uno no puede evitar hacerse una última pregunta, si esto ocurre delante de todos, en un andén, con cientos de teléfonos grabando cada movimiento, ¿cómo serán las cubetas invisibles con las que se intenta sacar el agua de los despachos donde se toman las decisiones?
Quizá el verdadero problema ya no sea la inteligencia artificial, quizá el verdadero problema sea que la realidad hace tiempo que decidió escribir la sátira ella sola.

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Covadonga De Viedma
Covadonga De Viedma es licenciada en Ciencias de la Comunicación y ha construido una trayectoria amplia entre el periodismo, la edición y la comunicación pública. Su trabajo se ha desarrollado en México, España y Dinamarca, con experiencia en medios, gobierno, cultura y educación. Ha realizado programas de radio, colaboraciones en televisión y proyectos editoriales vinculados al análisis de la actualidad. En Centralia Noticias escribe sobre política y pensamiento contemporáneo, con una mirada crítica, irónica y aguda sobre la realidad. Su estilo combina observación, contexto y humor inteligente para leer los temas del presente más allá de la coyuntura inmediata.







