Últimas noticias

15°C
  • Mexico City
15°C
  • Mexico City
agosto 2, 2026
Síguenos:
Centralia NewsBlogNotas InformativasEstados UnidosTrump aprieta el gatillo… y tú pagas la gasolina

Trump aprieta el gatillo… y tú pagas la gasolina

Mientras Washington mueve misiles y los mercados tiemblan, la factura siempre acaba llegando al mismo destino: el bolsillo de los ciudadanos.

Donald Trump ha decidido dar por rota la tregua con Irán. El motivo, según Washington, son los nuevos ataques iraníes contra buques mercantes en el estrecho de Ormuz, una de las rutas por las que circula una quinta parte del petróleo que consume el planeta. La reacción de los mercados no se hizo esperar: el Brent volvió a rozar los 80 dólares por barril, las Bolsas cerraron en rojo y los analistas ya vuelven a hablar de inflación y de una nueva desaceleración económica.

Cada vez que el estrecho de Ormuz se convierte en un foco de tensión, el mundo contiene la respiración. No porque todos sepamos situarlo en un mapa, sino porque por ese estrecho paso marítimo circula buena parte de la energía que mueve el planeta. Traducido al idioma que entendemos todos: si allí vuelan misiles, aquí sube el precio del combustible.

Hasta aquí, la noticia.

Ahora viene la parte que sí entiendo: esta mañana he parado en la gasolinera para llenar el depósito. Mientras la manguera seguía sumando euros con un entusiasmo que ya quisiera mi cuenta bancaria, pensaba que, una vez más, un señor sentado a miles de kilómetros de mi coche acababa de decidir cuánto me iba a costar ir al supermercado la semana que viene.

Mientras Trump habla de ofensivas militares y los analistas debaten sobre riesgo geopolítico, yo hago cuentas. Las de toda la vida. Si aprovecho un solo viaje para hacer varios recados, si espero un día más antes de llenar el depósito o si este fin de semana merece la pena coger el coche. Nunca imaginé que acabaría organizando mi agenda en función de los arrebatos de un presidente estadounidense.

Eso es lo verdaderamente desconcertante. Las guerras ya no solo se libran con misiles. También se libran en el surtidor de la gasolinera, en la factura del transporte, en el precio de los alimentos y, al final, en la cuenta corriente de millones de personas que no tienen voto en Washington, ni voz en Teherán, ni asiento en ninguna cumbre internacional.

Los economistas explican que el miedo a una interrupción del suministro dispara el precio del petróleo. Tiene lógica. Lo que ya me cuesta más entender es esa extraña habilidad de Donald Trump para convertir cada crisis internacional en una montaña rusa donde los mercados suben y bajan al ritmo de sus declaraciones. Un tuit, una rueda de prensa o una amenaza bastan para que millones de personas, que jamás hemos pisado Oriente Medio, terminemos pagando más por llenar el depósito o por hacer la compra.

Reconozco que estoy empezando a contemplar alternativas. La bicicleta ya no me parece una excentricidad. Un patinete eléctrico empieza a sonar razonable. Y, si la cosa sigue así, no descarto buscar un burro. Come alfalfa, no necesita petróleo y, por lo que he visto últimamente, probablemente sea bastante más previsible que algunos dirigentes mundiales.

Y lo peor es que no parece una tormenta pasajera. El Fondo Monetario Internacional ya advierte de que esta nueva crisis puede prolongar la incertidumbre económica durante los próximos meses. Los expertos seguirán hablando de geopolítica, corredores energéticos y tensiones estratégicas.

Yo, mientras tanto, seguiré mirando el cartel luminoso de la gasolinera como quien consulta el parte meteorológico. Porque cada vez que Donald Trump decide mover una ficha en el tablero internacional, el primero que acaba pagando no suele ser un presidente ni un general. Es alguien que solo quería llenar el depósito para ir a trabajar, al supermercado o llevar a sus hijos al colegio.

Comparte:

Noticias Relacionadas