Rocha Moya y el “beso del diablo” a Santiago Nieto
La crisis moral que atraviesa Morena, tras la acusación de EU por narcotraficante al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a integrantes de su entorno político, está obligando al partido oficial a replantear los perfiles que pretende postular rumbo a 2027.
En ese contexto, en Querétaro, Santiago Nieto Castillo no encaja en la nueva narrativa de “austeridad”, “integridad” y “limpieza ética” que Morena intenta reconstruir, en medio del desgaste provocado por los escándalos de corrupción, vínculos criminales y fracturas internas del movimiento.
El problema para Santiago Nieto no es solamente su historial político. Es, sobre todo, su decisión de salir en defensa de Rocha Moya por las acusaciones gravísimas que le hace la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York.
Ojo, eh: la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York es la misma instancia judicial estadounidense que procesó y condenó a Genaro García Luna y a Joaquín “El Chapo” Guzmán, y que mantiene investigaciones de alto nivel contra estructuras del narcotráfico latinoamericano, como el caso de Nicolás Maduro.
Rocha no enfrenta únicamente rumores políticos: el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo señala, junto con otros funcionarios y operadores políticos, dentro de investigaciones relacionadas con presuntas redes de protección institucional al Cártel de Sinaloa.
Así que lo que está haciendo Santiago Nieto es un suicidio político: defender políticamente a Rocha Moya en estas circunstancias cancela, de entrada, cualquier intento de Santiago Nieto de presentarse como un perfil de regeneración ética o de congruencia moral dentro de Morena.
El ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera carga, desde hace años, con acusaciones políticas relacionadas con presunto uso faccioso de expedientes, filtraciones selectivas y posibles conflictos de interés durante su paso por la UIF.
Distintos actores políticos lo acusaron públicamente de utilizar investigaciones financieras con fines de presión política y de operar una estructura de filtraciones mediáticas desde el aparato del Estado.
A ello se agregaron investigaciones administrativas y cuestionamientos sobre inconsistencias patrimoniales que derivaron incluso en procedimientos de la Secretaría de la Función Pública por presuntas discrepancias millonarias en su patrimonio.
Es cierto que Santiago Nieto negó irregularidades y sostuvo que el aumento correspondía a créditos hipotecarios y deudas declaradas públicamente.
Sin embargo, el episodio que más dañó políticamente su imagen fue la boda celebrada en Antigua, Guatemala, en noviembre de 2021, cuando aún encabezaba la UIF y Morena promovía el discurso de la “austeridad republicana”.
La ceremonia, rodeada de empresarios, políticos y vuelos privados, detonó un escándalo nacional después de que una funcionaria capitalina vinculada al evento fuera retenida transportando decenas de miles de dólares en efectivo. La crisis terminó provocando la renuncia de Santiago Nieto al cargo.
Entonces, el propio presidente López Obrador calificó el caso como un “asunto escandaloso” y recordó que los funcionarios públicos debían actuar “con moderación y austeridad”.
La caída de Santiago Nieto se convirtió en uno de los símbolos más visibles de las contradicciones internas de la llamada Cuarta Transformación: un gobierno que predicaba sobriedad mientras uno de sus principales funcionarios anticorrupción aparecía asociado a un evento percibido como ostentoso y alejado de los principios que Morena decía defender.
A eso se suma hoy un costo político adicional: Santiago Nieto ha decidido mantenerse políticamente alineado con Rocha Moya en el peor momento de desgaste del gobernador sinaloense. Para sectores de Morena que buscan una depuración real de candidaturas, esa cercanía representa un problema, no una fortaleza.
En Querétaro, además, el debate interno ya comenzó. El senador Gilberto Herrera Ruiz ha respaldado políticamente a Nieto frente a diversas impugnaciones y cuestionamientos, mientras voces opositoras como Paul Ospital han insistido en que Morena necesita mecanismos más severos para impedir que perfiles cuestionados se conviertan en candidatos.
La discusión ya no gira únicamente sobre quién puede ganar una elección, sino sobre quién puede hacerlo sin convertirse en una carga ética para el propio movimiento.
Existe además otro ángulo incómodo: la relación matrimonial de Nieto con la consejera del Instituto Nacional Electoral, Carla Astrid Humphrey Jordan. Aquí, la pregunta inevitable es si, llegado el momento, ella tendría que excusarse de participar en cualquier deliberación vinculada con una eventual candidatura de su esposo.
En un país donde la confianza en las instituciones electorales atraviesa una etapa de tensión permanente, el tema no sería menor.
Morena enfrenta así un dilema delicado en Querétaro. Puede optar por un personaje conocido, mediático y con redes nacionales, pero marcado por la corrupción, el escándalo político y el nepotismo, como Santiago Nieto. O puede intentar demostrar que su prometida regeneración ética es algo más que un discurso de campaña, buscando un perfil de político libre de corruptelas, cohesionador y que represente un perfil fresco y ciudadano.
Porque después de Sinaloa, de Rocha y de la creciente erosión moral del movimiento, el margen para las contradicciones se ha vuelto mucho más pequeño.
Redacción
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