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agosto 2, 2026
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El último bastión priista: la batalla por Coahuila y el intento de Morena por conquistar el territorio más simbólico del PRI

Durante años, cada elección estatal parecía confirmar la misma tendencia: el PRI seguía perdiendo territorio mientras Morena expandía su dominio político por prácticamente todo el país. Oaxaca, Hidalgo, Estado de México y otras entidades históricamente ligadas al priismo terminaron cayendo una tras otra bajo la ola de la Cuarta Transformación.

Sin embargo, en medio de ese reacomodo político nacional, Coahuila permaneció como una excepción.

No solamente como un estado gobernado por el PRI, sino como uno de los últimos territorios donde todavía sobrevive una cultura política profundamente ligada al viejo aparato priista: estructura territorial sólida, operadores regionales experimentados, control municipal, disciplina partidista y una maquinaria electoral construida durante décadas.

Por eso, dentro de Morena, la elección de Coahuila rumbo a 2026 comienza a verse como mucho más que una disputa local. Se está convirtiendo en una batalla simbólica. Una prueba para medir si Morena realmente puede terminar de sustituir al PRI no solo electoralmente, sino también territorialmente. Y la señal más clara de que el partido ya tomó esa elección como prioridad apareció esta semana.

Ariadna Montiel ya comenzó a definir la estrategia política de Morena en Coahuila mediante un modelo de operación territorial que incluye la distribución de distritos entre distintos liderazgos y grupos internos del partido. El movimiento refleja algo importante: Morena ya no está operando únicamente desde la narrativa presidencial o el arrastre nacional.

Ahora está entrando a una lógica mucho más territorial y estructural.

Distrito por distrito.
Operador por operador.
Grupo por grupo.

La lógica recuerda inevitablemente a los métodos que durante décadas convirtieron al PRI en la fuerza política dominante de México. Y quizá ahí está una de las paradojas más interesantes del momento político actual.

Mientras Morena avanza sobre el último gran bastión priista, también comienza a adoptar varias de las dinámicas organizativas que hicieron fuerte al propio PRI.

La operación territorial permanente.
La construcción de estructuras regionales.
La asignación de responsabilidades políticas internas.
La coordinación de grupos locales.
La disciplina electoral.

En otras palabras: Morena parece haber entendido que la popularidad presidencial no garantiza automáticamente victorias futuras. Especialmente en estados como Coahuila, donde todavía existen estructuras locales muy consolidadas y redes políticas históricas que siguen funcionando incluso en un contexto nacional adverso para el PRI.

Y eso explica por qué la operación encabezada por Ariadna Montiel tiene tanto peso político dentro del partido. No se trata únicamente de ganar una elección estatal. Se trata de demostrar que Morena puede conquistar el territorio que durante años simbolizó la resistencia del priismo tradicional. Porque Coahuila no es cualquier estado para el PRI.

Es uno de los pocos lugares donde el partido todavía conserva algo que en otras regiones prácticamente desapareció: identidad política propia.

Durante mucho tiempo, el PRI coahuilense logró mantener una estructura relativamente estable incluso mientras el partido se derrumbaba en otros estados. Conservó capacidad de movilización, operadores territoriales y una narrativa local que le permitió resistir el avance morenista más tiempo que otros gobiernos priistas.

Pero el contexto político nacional comienza a cambiar también ahí. Morena ya no luce como una fuerza improvisada o únicamente dependiente de la imagen presidencial. Ahora busca construir poder local duradero. Y precisamente por eso la elección de Coahuila empieza a verse como una especie de laboratorio rumbo a 2027.

Una prueba para medir:

El problema para el PRI no parece ser solamente electoral. También es generacional y estructural. Durante los últimos años, el partido perdió parte importante de su narrativa pública, dejó de conectar con sectores jóvenes y vio cómo muchos de sus antiguos cuadros terminaron migrando hacia Morena o adaptándose al nuevo sistema político dominante.

De alguna manera, Morena comenzó a absorber no solamente votantes priistas, sino también parte del viejo ADN operativo del PRI. Y eso podría terminar siendo mucho más importante que cualquier elección individual.

Porque el verdadero debate ya no parece centrarse únicamente en si el PRI seguirá perdiendo gubernaturas o espacios políticos.

La discusión más profunda es otra: si Morena está construyendo una nueva hegemonía política nacional utilizando algunas de las mismas herramientas territoriales, organizativas y operativas que durante décadas hicieron del PRI el partido dominante de México. Por eso Coahuila importa tanto. Porque si Morena logra avanzar seriamente en el último gran bastión priista, el mensaje político iría mucho más allá de una elección estatal.

Sería la confirmación de que el viejo mapa político mexicano terminó de cambiar.

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