Donald, Claudia y Felipe bajo el mismo techo en el Estadio Azteca
El Mundial empieza en el campo, pero podría decidirse en el palco
Hay imágenes que resumen una época. La caída del Muro de Berlín, el hombre llegando a la Luna, los Beatles cruzando Abbey Road, y luego estaría esta: Felipe VI, Claudia Sheinbaum y Donald Trump sentados a pocos metros de distancia observando cómo rueda un balón en el Estadio Azteca. No ha ocurrido. Pero si ocurre, probablemente será la fotografía más comentada del Mundial incluso antes del primer gol.
La inauguración de la Copa del Mundo de 2026 promete ser un acontecimiento deportivo, aunque una coincidencia entre el rey de España, la presidenta de México y el presidente de Estados Unidos podría desplazarlo hacia un terreno difícil de nombrar. Trump, Sheinbaum y Felipe VI: tres figuras que rara vez comparten encuadre, tres biografías políticas que no suelen coincidir ni siquiera en la distancia.
México ha discutido con España su pasado y con Estados Unidos su presente, y de pronto ambas discusiones podrían aparecer juntas, sin razón aparente, en el mismo plano. El fútbol tiene esa capacidad extraña de reunir lo que la política mantiene separado, o de hacer que parezca posible durante un instante lo que en realidad no lo es.
En algún lugar del estadio, entre la multitud, uno de esos espectadores que ha pagado una entrada revendida a un precio que no quiere recordar —probablemente equivalente a un mes de sueldo— levanta la vista sin saber muy bien qué está mirando. Ha venido a ver un partido, no a pensar en la historia, ni en la soberanía, ni en las viejas disputas entre países. Y sin embargo está ahí, compartiendo la misma imagen que los presidentes, aunque desde el único lugar donde una imagen no significa nada y lo significa todo al mismo tiempo.
Trump, Sheinbaum y Felipe VI mirando el mismo partido sin necesidad de ponerse de acuerdo sobre lo que significa mirar. El elegido, la presidenta surgida de un movimiento político reciente, el rey que no se elige. Tres formas distintas de legitimidad en una misma grada.
En algún momento, quizá durante el himno o quizá cuando el balón aún no ha decidido si empezar a existir, el espectador cree asistir —o cree recordar después— a un intercambio mínimo entre los tres, algo sin protocolo y sin intérprete oficial. Trump pregunta en inglés si el partido “is always like this, so slow at the beginning”, como si el tiempo del fútbol necesitara justificarse; Sheinbaum responde en español que en México las cosas empiezan despacio pero luego ya no se detienen, como si hablara de algo más amplio que el partido; y Felipe VI interviene con esa educación que no interrumpe nada pero intenta ordenarlo todo diciendo que “es un honor estar presente en un acontecimiento de estas características”, una frase que podría servir para casi cualquier escena en la que uno no sabe exactamente qué decir, y después añade que “el deporte siempre ayuda a acercar a los pueblos”, sin precisar si ese acercamiento ocurre de verdad o solo en las imágenes. Nadie traduce nada porque no hace falta, o porque todo ha sido ya traducido antes de ser dicho, y sin embargo parece que los tres se entienden, o al menos coinciden en algo que no llega a formularse.
Si ocurriera, al día siguiente no habría una versión, sino muchas. Cada una segura de sí misma y a la vez incompatible con las demás.Y eso, quizá, sea lo normal.
Uno tiende a pensar que las cosas importantes requieren decisiones importantes. Pero a veces basta una grada, tres asientos libres y un partido que empieza a la hora prevista. Lo demás no se decide, ocurre.
Y cuando ocurre, no siempre se entiende. Algunos miran el césped, otros el móvil, otros no saben muy bien qué están viendo, pero tampoco sienten la necesidad de explicarlo. Luego el partido sigue, como si eso fuera lo importante.
Y entonces, casi sin darle importancia, el espectador del que nadie se fija saca el móvil, hace una foto, la manda a unos amigos, la sube a las historias “por si acaso”, como si hubiera que dejar constancia de algo que todavía no sabe si ha ocurrido del todo o solo le ha parecido.
Covadonga De Viedma
Covadonga De Viedma es licenciada en Ciencias de la Comunicación y ha construido una trayectoria amplia entre el periodismo, la edición y la comunicación pública. Su trabajo se ha desarrollado en México, España y Dinamarca, con experiencia en medios, gobierno, cultura y educación. Ha realizado programas de radio, colaboraciones en televisión y proyectos editoriales vinculados al análisis de la actualidad. En Centralia Noticias escribe sobre política y pensamiento contemporáneo, con una mirada crítica, irónica y aguda sobre la realidad. Su estilo combina observación, contexto y humor inteligente para leer los temas del presente más allá de la coyuntura inmediata.







