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septiembre 19, 2026
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Sheinbaum evita la foto en el Azteca, pero no la cena con Infantino en Chapultepec

La presidenta Claudia Sheinbaum decidió no estar en la inauguración del Mundial 2026 en el Estadio Azteca, pero sí participará en una cena de alto nivel con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el Castillo de Chapultepec. La diferencia ya abrió una lectura política: la mandataria evita la imagen de privilegio en el palco, pero mantiene la relación institucional con el organismo que controla el evento deportivo más importante del planeta.

La velada se realizará en la víspera de la inauguración mundialista y contempla la presencia de autoridades federales, invitados internacionales y representantes vinculados a la organización del torneo. El escenario no es menor: el Castillo de Chapultepec, uno de los espacios más simbólicos del Estado mexicano, será utilizado como sede diplomática para recibir a la cúpula de la FIFA antes del arranque del Mundial.

La decisión de Sheinbaum busca cuidar la narrativa. Desde meses atrás, la presidenta había adelantado que no asistiría al partido inaugural y que su boleto sería entregado a una joven aficionada al futbol. El mensaje oficial fue claro: no ocupar el asiento presidencial en un evento de acceso limitado y convertir ese lugar en un gesto simbólico hacia una mujer joven.

Sin embargo, la cena con Infantino coloca el tema en otro terreno. Sheinbaum no estará en la postal más visible del Mundial, pero sí en una de las reuniones más selectas de la previa. El mensaje es doble: distancia frente al espectáculo de élite, cercanía frente al poder real de la FIFA. La presidenta evita el palco, pero no rompe con la ceremonia diplomática que rodea al torneo.

El Mundial 2026 tendrá su partido inaugural el 11 de junio en el Estadio Azteca, llamado oficialmente Mexico City Stadium para efectos del torneo. México abrirá la edición más grande en la historia de la Copa del Mundo, con partidos repartidos entre México, Estados Unidos y Canadá. En territorio mexicano habrá actividad en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

La presencia de Infantino en México no es menor. El presidente de la FIFA ha sostenido encuentros con autoridades mexicanas para revisar los preparativos del torneo, las sedes nacionales y el peso simbólico de que el país vuelva a recibir una inauguración mundialista. México no sólo será anfitrión: será el país que abrirá el torneo ante la mirada global.

Pero el contexto alrededor del Mundial no es únicamente deportivo. La Ciudad de México llega al evento entre promesas de movilidad, obras, seguridad, tensiones sociales y dudas sobre la capacidad real del gobierno para administrar el caos que implica una inauguración mundialista. El Azteca será vitrina internacional, pero también punto de presión para una capital que ya enfrenta saturación vial, problemas en transporte público, manifestaciones recurrentes y una operación urbana que tendrá que funcionar bajo la mirada del mundo.

Ahí está el dilema político para Sheinbaum: asistir al estadio podía exponerla a críticas por aparecer en una zona de privilegio durante un evento de altísimo costo social y económico; no asistir le permite sostener una narrativa de austeridad y cercanía popular. Pero cenar con Infantino en Chapultepec muestra que el gobierno tampoco puede desentenderse del verdadero centro de poder del Mundial.

La presidenta parece intentar una fórmula cuidadosamente calculada: el pueblo en los festejos públicos, la FIFA en Chapultepec y el Azteca sin ella. Es una coreografía política pensada para administrar símbolos. No sentarse en el palco presidencial, pero sí encabezar el trato institucional. No aparecer como parte de la élite mundialista, pero sí garantizar que México cumpla como anfitrión ante la FIFA.

La pregunta es si esa división podrá sostenerse. Porque el Mundial no sólo será una fiesta deportiva; será también una prueba política. Cada falla de movilidad, seguridad, servicios, aeropuerto, transporte o logística se leerá como responsabilidad del gobierno. Y cada acto privado con la FIFA contrastará con el discurso de que la celebración debe ser del pueblo.

La cena en el Castillo de Chapultepec confirma que Sheinbaum no está fuera del Mundial. Sólo decidió no estar en la imagen más incómoda. El poder, como casi siempre, no estará necesariamente en la tribuna del estadio, sino en la mesa donde se negocia la víspera.

Con Fotografía de Cuartoscuro

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