Del Mazo reaparece: el viejo PRI mexiquense empieza a moverse rumbo a 2027
Alfredo del Mazo Maza volvió a aparecer en público. Y en política, las reapariciones casi nunca son casuales.
El exgobernador del Estado de México fue visto en el Estadio Azteca durante la apertura mundialista, en una escena que mezcló futbol, élites políticas y señales de reacomodo. Para cualquier exmandatario, asistir a un partido podría ser un gesto sin mayor lectura. Pero Del Mazo no es cualquier exgobernador: fue el último priista en gobernar el Estado de México antes de la derrota histórica de 2023, cuando Morena le arrebató al PRI su principal bastión después de más de nueve décadas de dominio.
La presencia de Del Mazo ocurre en un momento delicado para la política mexiquense. El Estado de México no solo es la entidad más poblada del país; también es una de las plazas electorales más relevantes para cualquier proyecto nacional. Controlar sus municipios, sus estructuras locales y sus liderazgos territoriales significa tener capacidad de operación política mucho más allá de Toluca.
Por eso la pregunta no es si Del Mazo fue al Azteca. La pregunta es qué significa que vuelva a mostrarse.
De acuerdo con reportes periodísticos, el exgobernador ha comenzado a acelerar movimientos en el Estado de México con la vista puesta en 2027, año en el que se renovarán posiciones clave a nivel local y nacional. La lectura dentro del viejo priismo mexiquense es evidente: aunque el PRI perdió el gobierno estatal, muchas de sus redes territoriales, operadores regionales y liderazgos municipales no desaparecieron. Solo quedaron a la espera de una nueva ruta.
Del Mazo carga, sin embargo, con una marca política pesada. Para la dirigencia nacional del PRI encabezada por Alejandro Moreno, su nombre quedó asociado a la derrota de 2023. En 2024, el partido lo expulsó bajo acusaciones de traición, después de señalarlo por haber facilitado la llegada de Morena al gobierno estatal. La ruptura no fue menor: Del Mazo pertenecía a una de las familias más emblemáticas del poder priista mexiquense y su salida exhibió la fractura interna de un partido que ya no controla los equilibrios que antes administraba.
Pero esa misma ruptura podría darle margen de maniobra.
Sin PRI formal, pero con estructura, apellido y contactos, Del Mazo puede moverse en una zona gris: no necesariamente como candidato, pero sí como articulador, interlocutor o factor de negociación. En el Estado de México, donde Morena gobierna con Delfina Gómez, los antiguos grupos priistas siguen teniendo presencia en municipios, burocracias locales, empresarios regionales y redes políticas que no se desmantelan de un día para otro.
El verdadero dilema es hacia dónde se moverán esas estructuras.
Una parte podría intentar reconstruir al PRI desde lo local, aunque el partido atraviesa uno de sus momentos más débiles a nivel nacional. Otra podría acercarse a Morena, como ya ocurrió con distintos cuadros priistas que encontraron acomodo en el nuevo bloque dominante. Y una tercera podría operar bajo esquemas más pragmáticos: alianzas municipales, candidaturas competitivas, acuerdos territoriales y negociaciones caso por caso.
Ahí está el peso de 2027.
Para Morena, el reto será demostrar que la victoria de 2023 no fue solo un golpe simbólico contra el viejo régimen mexiquense, sino el inicio de una nueva hegemonía territorial. Ganar la gubernatura fue histórico; conservar y ampliar el control municipal será otra prueba. El voto mexiquense es diverso, metropolitano, rural, industrial, popular y de clase media. No responde a una sola lógica.
Para la oposición, el desafío es todavía más complejo. El PAN ha buscado tomar distancia del PRI en distintos estados, mientras el tricolor intenta sobrevivir como fuerza territorial aun después de perder buena parte de su peso nacional. En ese contexto, figuras como Del Mazo pueden ser incómodas, pero también útiles: conocen el territorio, tienen memoria operativa y mantienen vínculos que ningún partido puede despreciar del todo.
La imagen del Azteca, entonces, funciona como metáfora.
Mientras el Mundial exhibió a una clase política reunida en palcos, zonas VIP y espacios de alto costo, también dejó ver quiénes siguen teniendo acceso a esos círculos de poder. Entre empresarios, dirigentes y exfuncionarios, la presencia de Del Mazo recordó que el viejo sistema mexiquense no se evaporó con la derrota electoral. Cambió de lugar, bajó el perfil y esperó mejores condiciones.
La política mexicana suele confundir silencio con retiro. Del Mazo llevaba tiempo lejos del centro de la conversación pública, pero eso no significa que haya dejado de operar o de ser leído por otros actores. Su reaparición llega justo cuando el mapa de 2027 empieza a tomar forma y cuando el Estado de México vuelve a colocarse como una de las entidades donde se medirá la profundidad real del cambio político.
Morena gobierna. El PRI resiste como estructura dañada. El PAN calcula costos. Los viejos grupos mexiquenses observan.
Y Del Mazo, otra vez, aparece.
No necesariamente para volver al primer plano, sino para recordar que en el Estado de México el poder rara vez desaparece: se repliega, se reorganiza y espera el siguiente proceso electoral.
Fuentes: El País; Instituto Electoral del Estado de México; reportes públicos sobre la elección mexiquense de 2023 y la expulsión de Alfredo del Mazo del PRI.
Redacción
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