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agosto 3, 2026
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Bartlett reaparece en primera clase rumbo a España y lo encaran: “¿Viene a pedir disculpas a los españoles?”

Manuel Bartlett volvió a escena, pero no en una conferencia, ni en un acto público, ni en una comparecencia. Reapareció en un avión rumbo a España, sentado en primera clase, donde fue reconocido por un pasajero que decidió increparlo frente a otros viajeros y grabar el momento. El episodio se volvió viral porque condensó, en menos de un minuto, varios de los reclamos que han perseguido al exdirector de la Comisión Federal de Electricidad durante décadas: su patrimonio, su paso por el poder, el caso de 1988 y la contradicción entre el discurso de austeridad de la 4T y los viajes de lujo de algunos de sus personajes más emblemáticos.

En el video, difundido en redes sociales y retomado por diversos medios, se observa a Bartlett sentado junto a Julia Abdalá, su pareja. El pasajero se acerca y le lanza una pregunta directa: “¿Cómo le ha hecho para viajar tan lejos y tan cómodo en primera clase?”. Después lo acusa de haber sacado recursos del país y lo llama “corrupto”. Bartlett no responde. Apenas levanta el pulgar en un gesto ambiguo, sonríe de forma incómoda y evita engancharse en la confrontación.

El reclamo sube de tono cuando el ciudadano le pregunta si ahora la 4T ya no viaja a Estados Unidos y prefiere España. “¿Viene a pedir disculpas Morena, la 4T viene a pedir disculpas a los españoles?”, le dice, en referencia al discurso político que durante años tensó la relación entre el obradorismo y España, especialmente por la exigencia de disculpas históricas por la Conquista. La frase pegó de inmediato en redes porque mezcla ironía, reproche político y una imagen difícil de defender para el relato de austeridad: uno de los hombres fuertes del obradorismo viajando cómodo, lejos de México y sin dar explicaciones.

El pasajero también le recuerda uno de los episodios más oscuros de la historia electoral mexicana: la llamada “caída del sistema” de 1988, cuando Bartlett era secretario de Gobernación durante la elección presidencial en la que Carlos Salinas de Gortari terminó imponiéndose sobre Cuauhtémoc Cárdenas. “Secretario de Gobernación, tumbó el sistema”, le grita antes de retirarse. Bartlett, otra vez, guarda silencio.

La escena reactivó también los señalamientos sobre el patrimonio del exfuncionario. En 2019 se publicó una investigación periodística que atribuyó a su entorno familiar propiedades valuadas en cientos de millones de pesos, aunque no todas aparecían en su declaración patrimonial. Bartlett negó irregularidades en su momento, pero el tema nunca terminó de salir del debate público. Por eso la pregunta del pasajero —“¿cómo se hace para tener tanto dinero y tantas casas?”— conectó con una sospecha instalada desde hace años: la distancia entre la narrativa de austeridad republicana y el estilo de vida de ciertos cuadros del poder.

El momento llega, además, después de que Bartlett dejó la CFE en 2024, al cierre del sexenio de López Obrador, y fue sustituido por Emilia Calleja. Desde entonces, el exfuncionario había mantenido un perfil bajo, lejos de la exposición pública que tuvo durante el gobierno anterior. Su reaparición no fue política, pero terminó siendo profundamente política: no por lo que dijo, sino por lo que no contestó.

En redes, el video fue leído por opositores como una postal del desgaste moral de la 4T: funcionarios que defendieron la austeridad desde el discurso, pero que se mueven con privilegios cuando dejan el cargo. Para simpatizantes del obradorismo, en cambio, la increpación fue vista como un acto de hostigamiento en un espacio privado. La discusión se dividió entre quienes consideran legítimo reclamarle a una figura pública y quienes creen que un avión no debe convertirse en tribunal político.

Lo cierto es que Bartlett no es un personaje menor. Fue secretario de Gobernación en el priismo, senador, director de la CFE con López Obrador y una de las figuras más polémicas que la 4T decidió incorporar a su proyecto. Su presencia dentro del movimiento siempre generó incomodidad incluso entre sectores que apoyaban al expresidente, porque encarnaba una contradicción difícil de explicar: un viejo operador del sistema priista convertido en defensor de la transformación.

El episodio en el vuelo a España no abre por sí mismo una investigación ni prueba un delito. Pero sí muestra otra cosa: Bartlett sigue siendo un símbolo de impunidad para una parte importante de la opinión pública. Su silencio en el avión funcionó casi como una metáfora. No respondió por las casas, no respondió por el viaje, no respondió por 1988 y no respondió por la contradicción política. Solo levantó el pulgar.

Y en tiempos de redes, a veces una imagen basta para revivir décadas de memoria pública.

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