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septiembre 18, 2026
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PAN se desploma en Coahuila y Jorge Romero intenta contener el golpe: “no refleja lo nacional”

La derrota del PAN en Coahuila abrió una nueva discusión dentro de la oposición: hasta dónde el tropiezo es un problema local y hasta dónde confirma una crisis más profunda para Acción Nacional. Después de la elección del 7 de junio, en la que se renovó el Congreso local, el partido quedó por debajo del umbral del 3% de la votación válida emitida, una cifra que lo pone en riesgo de perder prerrogativas estatales y lo deja fuera de la pelea real por espacios de representación proporcional en la entidad.

El resultado fue especialmente duro porque Coahuila no fue una elección menor. Fue la única contienda estatal de 2026 y funcionó como una prueba política para medir fuerzas rumbo al ciclo electoral de 2027. El PRI, aliado con Unidad Democrática de Coahuila, arrasó en los 16 distritos de mayoría relativa y conservó el control territorial de uno de sus últimos bastiones. Morena y el PT quedaron como segunda fuerza, pero sin ganar ningún distrito. En medio de ese choque entre priismo y morenismo, el PAN prácticamente desapareció del mapa electoral local.

De acuerdo con los resultados preliminares difundidos tras la jornada, Acción Nacional obtuvo alrededor de 2.1% de la votación, por debajo del mínimo legal requerido para conservar acceso a financiamiento público estatal. Movimiento Ciudadano también habría quedado debajo del 3%, con cerca de 1.9% o 2%, y el Partido Verde rondaría el 2.6%. Aunque estas cifras todavía deben pasar por los cómputos oficiales, que comienzan el 10 de junio, la tendencia colocó al PAN en una de sus posiciones más débiles en Coahuila en años.

La dirigencia nacional panista, encabezada por Jorge Romero, buscó minimizar el impacto político del resultado. El argumento central fue que Coahuila tiene una dinámica local particular y que el desplome no debe leerse como una fotografía nacional del partido. En su postura pública, Acción Nacional sostuvo que, a nivel federal, mantiene una tendencia de crecimiento y consolidación como alternativa frente a Morena. Es decir: Romero intentó separar el desastre coahuilense del relato nacional que el PAN quiere construir rumbo a 2027.

El problema para esa narrativa es que la derrota ocurre apenas semanas después de que el propio Romero acudiera a Coahuila para respaldar a los candidatos panistas. En mayo, el dirigente nacional se reunió en Saltillo con las candidaturas de Acción Nacional y aseguró que trabajarían “puerta por puerta” para recoger las demandas ciudadanas y representarlas en el Congreso estatal. El resultado final, sin embargo, mostró que esa operación no logró traducirse en votos.

El golpe también reabre una discusión incómoda dentro del panismo: la dependencia de las alianzas con el PRI. En 2023, el PAN participó dentro de la coalición opositora que ganó los 16 distritos locales junto al PRI y el PRD. Para 2026, Acción Nacional compitió solo, después de la ruptura con el priismo en el estado, y quedó exhibido como una fuerza sin estructura suficiente para sostenerse por cuenta propia. En otras palabras, el resultado alimenta la tesis de algunos panistas que advierten que, en estados dominados por maquinarias locales del PRI, competir separado puede ser suicida; pero competir aliado también diluye la identidad del partido.

La caída no implica que el PAN pierda su registro nacional ante el INE. Al tratarse de un partido político nacional, su permanencia jurídica no depende de una sola elección local. Lo que está en juego en Coahuila es su acceso a financiamiento público estatal y su capacidad de participar en el reparto de diputaciones plurinominales, siempre que los resultados definitivos confirmen que no alcanzó el 3%. Aun así, el efecto político es severo: quedar por debajo de ese umbral en una elección legislativa local equivale a perder presencia institucional, recursos y capacidad de operación en el estado.

La victoria priista fue contundente. Con la totalidad de las actas capturadas por el PREP, la alianza PRI-UDC acumuló alrededor de 684 mil votos, equivalentes a 55% de la votación, mientras que Morena-PT obtuvo cerca de 326 mil votos, alrededor de 26%. La participación ciudadana rondó 51%, una cifra superior a la registrada en elecciones intermedias previas en la entidad. El PRI convirtió la seguridad pública y la estabilidad local en el eje de su campaña, una narrativa que le permitió contrastarse con Morena y retener el control del Congreso.

Para Morena, la derrota también fue un golpe. El partido gobernante no logró ganar ningún distrito y denunció irregularidades, aunque la amplitud de la diferencia dificulta sostener que el resultado pueda revertirse. Sin embargo, para el PAN el problema es distinto: mientras Morena quedó como segunda fuerza y conserva capacidad de competencia, Acción Nacional quedó reducido a un papel marginal. La elección no solo confirmó la fortaleza del priismo en Coahuila, sino también la fragilidad del PAN cuando no compite protegido por una alianza amplia.

Jorge Romero enfrenta ahora una paradoja. A nivel nacional busca presentar al PAN como la principal alternativa opositora frente a Morena, pero en Coahuila el partido quedó lejos incluso de disputar el segundo lugar. Su defensa —que el resultado no refleja el panorama nacional— puede ser cierta en términos estrictos, pero no borra la señal política: en territorios donde el PAN no tiene estructura propia, la marca ya no garantiza competitividad.

El caso Coahuila también anticipa una discusión mayor rumbo a 2027. Si el PAN decide competir solo para recuperar identidad, corre el riesgo de repetir derrotas locales donde no tiene maquinaria territorial. Si vuelve a depender del PRI, puede ganar espacios, pero al costo de reforzar la percepción de que ya no puede sostenerse por sí mismo. Esa tensión será uno de los dilemas centrales de la oposición en los próximos meses.

Por ahora, la dirigencia panista insiste en que el tropiezo fue local. Pero el dato duro es difícil de maquillar: en la única elección estatal del año, Acción Nacional quedó por debajo del 3%, sin fuerza legislativa propia y con riesgo de perder financiamiento estatal. Más que una derrota aislada, Coahuila dejó una advertencia para Jorge Romero: el PAN puede decir que sigue creciendo a nivel nacional, pero en algunos estados ya pelea por no desaparecer de la conversación.

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