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septiembre 17, 2026
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Centralia NewsBlogNotas InformativasMéxico56 mil pesos por candelabro: el Metro se puso elegante, pero no puntual

56 mil pesos por candelabro: el Metro se puso elegante, pero no puntual

Cuatro candelabros de 56 mil pesos iluminan una vieja obsesión: parecer lo que no se es

Si alguien hubiera propuesto en una reunión instalar candelabros rococó en una estación del Metro, habría supuesto que estaba contando un chiste. El problema es que nadie se rió. Al contrario: aprobaron el presupuesto.

El Metro de la Ciudad de México decidió que, de cara al Mundial, lo que realmente necesitaba la estación Hidalgo no era únicamente mantenimiento, señalización impecable o la sensación de que el siguiente incidente tardará en llegar. No. Lo que necesitaba eran candelabros.

Pero no cualquier candelabro. No hablamos de una luminaria discreta que ilumine el camino del usuario que sale con prisa al trabajo. Hablamos de auténticos ejemplares con vocación aristocrática, de esos que parecen estar esperando a María Antonieta para inaugurar un baile de máscaras.

Cada uno costó 56 mil pesos. Lo confirmó el propio director del Metro, Adrián Rubalcava. Los pequeños, tranquilos, apenas entre tres y cuatro mil pesos. Una ganga para quien siempre soñó con convertir un andén en un salón de Versalles.

Uno entra a la estación y tiene la sensación de haber equivocado el transporte. No sabe si debe sacar la tarjeta de movilidad o hacer una reverencia. La escena es magnífica. Por un lado, un señor con dos bolsas del mercado, una mochila remendada y la prisa de quien lleva cuarenta minutos de retraso. Detrás, una estudiante intentando no perder el tren. Más allá, una mujer indígena con sus huaraches recorriendo los pasillos. Por un instante pensé que había tomado un túnel equivocado. No parecía la Línea 2 del Metro, sino la antesala de la corte de Luis XIV. Solo faltaba que, en vez del siguiente convoy, apareciera el Rey Sol preguntando por su carruaje.

Hay algo profundamente surrealista en todo ello. Si Franz Kafka hubiera conocido el Metro capitalino, probablemente habría abandonado la literatura para dedicarse al urbanismo.

Lo fascinante no es el precio,lo fascinante es el concepto.Es esa irresistible costumbre nacional de confundir la modernidad con el maquillaje. Como quien tiene goteras en toda la casa y decide empezar la remodelación comprando una lámpara de cristal para el recibidor.

Y es que en verdad, el problema nunca fue la falta de candelabros. Jamás escuché a nadie decir: “Si el Metro tuviera una iluminación más propia de un castillo europeo, los retrasos se llevarían mejor”. De todas formas, alguien debió pensarlo.

Quizá la lógica sea que, mientras el usuario espera media hora un tren, al menos pueda entretenerse imaginando que vive en la corte de los Borbones.

Dicen que todo fue mediante licitaciones transparentes y que los procesos podrán ser auditados. Perfecto. La transparencia siempre es bienvenida. Lo que sigue siendo opaco es el criterio estético. Uno puede entender que una ciudad quiera lucir bien para un Mundial, y es razonable. Lo que cuesta entender es esa necesidad casi existencial de disfrazarse de lo que no es.

Existe un viejo refrán que ha sobrevivido precisamente porque nunca pierde actualidad: aunque la mona se vista de seda…No hace falta terminar la frase.

Los países, como las personas, no se vuelven elegantes por colgar un candelabro. La elegancia consiste en que las cosas funcionen. Y eso, hasta donde sabemos, sigue sin fabricarse en cristal.

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