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agosto 3, 2026
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Ebrard vuelve a mover la Ciudad de México y Morena comienza a tensarse rumbo al 2027

Mientras gran parte de la atención política nacional sigue enfocada en el arranque del nuevo gobierno federal, dentro de Morena ya comenzó otra batalla silenciosa: la disputa por el futuro político de la Ciudad de México. Y Marcelo Ebrard parece decidido a no quedarse fuera del tablero.

En las últimas semanas, distintos operadores políticos y cuadros cercanos al excanciller han comenzado a reactivarse en la capital. Reuniones privadas, acercamientos territoriales y reapariciones estratégicas empiezan a construir una narrativa que en Morena pocos se atreven a reconocer públicamente, pero muchos comentan en privado: Marcelo quiere recuperar terreno político en la CDMX rumbo al 2027.

No necesariamente para competir de inmediato. Pero sí para mantener presencia, estructura y capacidad de negociación dentro del movimiento.

Aunque Morena insiste en proyectar unidad alrededor de Claudia Sheinbaum y Clara Brugada, la realidad política en la capital comienza a verse mucho más compleja. La Ciudad de México ya no es el bastión cómodo que el oficialismo controlaba hace algunos años. Las últimas elecciones dejaron señales claras de desgaste en varias alcaldías y evidenciaron una fractura política cada vez más visible entre sectores urbanos, clases medias y votantes jóvenes.

Problemas como movilidad, agua, inseguridad, saturación urbana y gentrificación han comenzado a erosionar parte del discurso que durante años sostuvo la hegemonía morenista en la capital.

En ese contexto, Marcelo Ebrard busca reposicionarse como una figura distinta dentro del oficialismo: más técnica, más moderada y con mayor capacidad de diálogo con sectores empresariales y urbanos que en algún momento encontraron en él una versión menos ideológica de Morena.

Y eso genera incomodidad.

Dentro del partido todavía existen grupos que nunca terminaron de perdonarle la tensión interna provocada durante la sucesión presidencial de 2023. Aunque Ebrard terminó respaldando a Claudia Sheinbaum y permaneciendo dentro del gabinete federal, el ebrardismo nunca desapareció completamente. Simplemente se replegó mientras pasaba la tormenta política.

Ahora parece estar reorganizándose.

La apuesta no sería únicamente electoral. También sería estratégica. Marcelo entiende que mantenerse vigente en la Ciudad de México le permite conservar influencia nacional rumbo al 2030 y evitar que su grupo político quede completamente absorbido por otras corrientes internas del partido.

Por eso la capital vuelve a convertirse en pieza clave.

Ebrard conoce la Ciudad de México mejor que casi cualquier figura nacional de Morena. Ahí construyó su momento político más fuerte como jefe de Gobierno, impulsó proyectos urbanos que todavía forman parte de la identidad moderna de la ciudad y consolidó relaciones políticas que siguen vivas en distintos niveles del aparato capitalino.

Pero el escenario actual ya no es el mismo.

Hoy Morena enfrenta divisiones internas más visibles, una oposición más organizada y una ciudadanía mucho más crítica. Y en medio de ese contexto, cualquier movimiento político comienza a interpretarse como parte de la carrera presidencial adelantada.

Incluso cuando faltan años para la sucesión.

Porque en política, los proyectos presidenciales rara vez desaparecen por completo.

Y Marcelo Ebrard parece estar enviando un mensaje silencioso, pero muy claro: sigue en el juego.

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