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agosto 2, 2026
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El partido que mejor entendió la fragmentación de Morena

Durante años, el Partido Verde sobrevivió bajo una lógica simple: acompañar al poder. Lo hizo con el PRI, después con el PAN en algunos estados y finalmente con Morena.

Pero algo empieza a cambiar dentro de la coalición gobernante rumbo a 2027. Las recientes tensiones entre Morena y el PVEM en la Ciudad de México muestran una nueva realidad política: el Verde ya no actúa únicamente como aliado subordinado. Ahora comienza a negociar posiciones, candidaturas y estructuras como un socio que entiende que Morena ya no opera bajo el mismo control vertical absoluto que mantuvo durante el obradorismo puro.

La discusión estalló luego de que dirigentes del Verde en la capital acusaran falta de comunicación con la dirigencia morenista y dejaran abierta incluso la posibilidad de competir separados en futuras elecciones locales. Aunque públicamente ambas fuerzas mantienen el discurso de unidad, el episodio dejó ver algo más profundo: el Verde detecta que Morena empieza a fragmentarse internamente y busca aprovechar ese nuevo equilibrio político.

El nuevo valor político del Verde

La fuerza del Partido Verde no necesariamente radica en tener la mayor votación nacional. Su verdadero poder está en otra parte:
su capacidad de convertirse en partido bisagra. En un Morena completamente unificado, el Verde tenía poco margen para negociar.
Pero en un Morena donde comienzan a aparecer grupos internos, disputas territoriales, operadores regionales y tensiones por candidaturas, los aliados pequeños adquieren mucho más valor estratégico. Especialmente en estados donde el PVEM sí tiene estructura propia, operadores territoriales o liderazgos locales fuertes.

San Luis Potosí: el ejemplo más claro

El caso más evidente es San Luis Potosí. Ahí el gobernador Ricardo Gallardo convirtió al Verde en fuerza dominante local y demostró que el partido puede construir poder propio incluso dentro de la alianza oficialista. En distintas ocasiones, liderazgos verdes han dejado entrever que el partido podría competir con mayor autonomía política en el futuro. Eso habría sido impensable durante los años de control absoluto del obradorismo.

Chiapas, Quintana Roo… y ahora Querétaro

La estrategia también empieza a replicarse en otros estados.

En Chiapas, el Verde mantiene desde hace años una estructura territorial sólida y operadores regionales con fuerte presencia municipal, en donde Eduardo Ramírez Aguilar sigue siendo el gran eje político.

En Quintana Roo, el crecimiento del PVEM ha sido constante gracias a su influencia en municipios clave y zonas turísticas y el nombre que más empieza a sonar rumbo a 2027 es Rafael Marín Mollinedo, aunque dentro de la alianza también pesa muchísimo el grupo político de Mara Lezama.

Y en Querétaro, el nombre que comienza a tomar relevancia es el de Ricardo Astudillo. El dirigente del Partido Verde en el estado ha intensificado su presencia política y territorial en medio del reacomodo interno de la 4T queretana. Astudillo ha impulsado una narrativa de fortalecimiento organizativo y defensa de la Cuarta Transformación “a la queretana”, mientras el Verde busca consolidar estructura propia rumbo a las próximas elecciones.

En un estado históricamente dominado por el PAN, la alianza Morena-PVEM será estratégica. Pero justamente por eso el Verde adquiere más capacidad de negociación. Porque donde Morena todavía no logra consolidar una hegemonía territorial completa, el peso político de los aliados crece.

Morena entra a una nueva etapa

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, Morena operó bajo una lógica altamente centralizada. Las grandes decisiones políticas terminaban alineadas alrededor de un solo liderazgo:

  • candidaturas,
  • estrategia,
  • narrativa,
  • alianzas,
  • y control interno.

Eso reducía los márgenes de presión de partidos aliados. Pero ahora comienzan a aparecer nuevos polos dentro del oficialismo: grupos territoriales, operadores regionales, estructuras partidistas y liderazgos con agenda propia. Y justamente ahí el Verde encuentra una oportunidad.

Las tensiones recientes en CDMX reflejan un fenómeno mayor: el Verde ya no quiere ser solamente un acompañante electoral, quiere candidaturas, posiciones, control territorial, negociación directa y mayor peso dentro de la coalición oficialista. La paradoja es interesante; mientras Morena empieza a enfrentar tensiones internas similares a las de otros partidos dominantes en la historia mexicana, el Verde parece haber entendido antes que muchos cómo aprovechar esa transición.

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