El poder que no aparece en la boleta: Morena y su Senado invisible rumbo a 2027
Crónica del proceso interno de Morena entre disciplina, aspiraciones estatales y una sucesión política que se presenta como procedimiento, pero se comporta como poder.
Si uno entra estos días al World Trade Center, con un poco de imaginación y otro poco de resignación democrática, podría pensar que no está entrando a un proceso interno de un partido político, sino a una versión climatizada del Senado romano en sus últimos años: demasiadas togas invisibles, demasiados futuros emperadores en fila y una calma administrativa que solo existe cuando todos saben que la decisión ya está tomada en otro sitio. Eso sí, muchos guaraches —o sandalias romanas, según quién mire— pisando moqueta climatizada.
Morena ha convertido su proceso de definición de “coordinadores estatales de la transformación” —esa forma tan elegante de decir candidatos a gobernadores sin decirlo todavía— en un ritual de registro, orden y encuestas donde el poder se presenta como procedimiento. Pero, como en Roma, el procedimiento es solo la liturgia: lo importante ocurre en otra parte, fuera del mármol y de los formularios.
Michoacán: la Roma donde todos quieren ser César
Michoacán sigue siendo la versión más clásica del Imperio en crisis: demasiados generales, demasiadas legiones y todos convencidos de que el otro es el problema.
Entre los nombres que orbitan el proceso aparecen Raúl Morón, que insiste en volver como si la historia fuera una puerta giratoria; Leonel Godoy, memoria política que se niega a desaparecer del todo; y el propio Alfredo Ramírez Bedolla, referencia del poder actual, más centro de gravedad que candidato en sí mismo. Alrededor, operadores como Carlos Torres Piña sostienen la maquinaria mientras todos juran que no están en campaña, sino “en organización”.
Aquí nadie quiere ser segundo. Y ese, en política, suele ser el método más eficaz de no ser nada.
Querétaro: la provincia donde Roma aún duda
Querétaro es una provincia donde el Senado todavía no ha decidido si enviar procónsul o dejar que los notables locales sigan simulando equilibrio.
Aparecen Santiago Nieto, figura nacional que aterriza en lo local con la naturalidad de quien siempre está de paso hacia algo mayor; Gilberto Herrera, estructura territorial paciente, casi geológica; y Arturo Maximiliano García, intento de construcción política más local, más lenta, más de tierra que de tribuna.
Aquí el poder no se disputa del todo: se espera a que el sistema lo reparta.
Aguascalientes: el borde donde el imperio no entra del todo
Aguascalientes es el limes del sistema, ese borde donde el imperio insiste en entrar pero el territorio no cede.
Nora Ruvalcaba sostiene la presencia institucional de Morena en un estado históricamente adverso; Salma Luévano introduce una dimensión política que desborda los códigos tradicionales; mientras Genny López y Ricardo Rodríguez completan un mosaico de perfiles que intentan ampliar el espacio de lo posible donde lo posible siempre ha sido estrecho.
Aquí la política no se mide en victorias, sino en resistencia.
Quintana Roo: la provincia donde el emperador ya tiene residencia
Quintana Roo es otra categoría del sistema: aquí la política ya no compite, administra.
Mara Lezama aparece como centro gravitacional del tablero, figura alrededor de la cual todo orbita con una estabilidad que no necesita demasiada explicación. Anahí González y los cuadros del PVEM acompañan un proceso donde la disputa existe más como formalidad que como amenaza.
Aquí el Senado no debate: confirma.
Sobre todo esto flota una paradoja mayor. Andrés Manuel López Obrador, el emperador que decidió dejar de serlo sin abandonar del todo la forma del imperio, aparece como origen remoto de este sistema que ahora se organiza solo, como si la maquinaria hubiera aprendido a caminar sin él… pero todavía con su sombra como manual de instrucciones.
Y Claudia Sheinbaum, primera presidenta del país, representa otra cosa: la institucionalización del movimiento, el intento de convertir la épica en administración, el tránsito de la política como relato al gobierno como sistema operativo. Su figura no interrumpe el proceso; lo ordena, lo contiene, lo vuelve legible.
Y sin embargo, en el WTC, entre aspirantes, encuestas y provincias, persiste la misma sensación romana de siempre: que el poder se anuncia como procedimiento, pero se decide como intuición.
Porque al final, como en la Roma tardía, todos participan en el Senado… aunque algunos ya saben en qué despacho se escribe la historia.
Covadonga De Viedma
Covadonga De Viedma es licenciada en Ciencias de la Comunicación y ha construido una trayectoria amplia entre el periodismo, la edición y la comunicación pública. Su trabajo se ha desarrollado en México, España y Dinamarca, con experiencia en medios, gobierno, cultura y educación. Ha realizado programas de radio, colaboraciones en televisión y proyectos editoriales vinculados al análisis de la actualidad. En Centralia Noticias escribe sobre política y pensamiento contemporáneo, con una mirada crítica, irónica y aguda sobre la realidad. Su estilo combina observación, contexto y humor inteligente para leer los temas del presente más allá de la coyuntura inmediata.







